Turismo de cementerios

Mirada abierta hacia el turismo cultural en las necrópolis

El turismo de cementerios, así como, todo lo relacionado con la muerte, siempre ha estado envuelto de un cierto halo de misticismo, superstición, miedo y tabú. Estos cánones han provocado que el necroturismo sea observado por el gran público como algo minoritario, raro, cuya conceptualización se basa únicamente en el aspecto más reduccionista, visitar tumbas. Sin embargo, el turismo de cementerios no solo consiste en pasear por las necrópolis, es una oportunidad para conocer la vida de cada difunto y la historia del lugar, en definitiva, una forma de viajar al pasado a través del patrimonio cultural.

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Habitualmente los cementerios son lugares solitarios, apenas se ven personas caminando entre sus calles, salvo en fechas señaladas, como el día de los difuntos, cuando además de familiares visitando a sus fallecidos, los cementerios se llenan de flores, que, a modo de homenaje, brindan una estampa colorida y efímera, de un espacio asociado tradicionalmente a los tonos grises de la piedra de mármol.

Si se quiere hacer de los cementerios lugares amigables, que inviten a ser visitados con más frecuencia, el turismo oscuro ha de huir necesariamente de lo atractivo que resulta para algunas personas lo tenebroso o prohibido, a fin de cuentas, del morbo. Transitar del publico minoritario al gran público formado por familias y viajeros cuyas motivaciones turísticas son transversales.

Visitar los cementerios en un contexto turístico y cultural precisa de respeto exquisito, responsabilidad y conciencia colectiva, no hay que olvidar que, se trata de recintos sagrados en los que los sentimientos están a flor de piel, motivo por el cual, los visitantes han de estar preparados para hablar de la muerte con naturalidad, así como tener cierta predisposición a romper con las palabras proverbialmente asociadas a estos entornos, por ejemplo, tristeza, pena o final, para ser coligadas con otros términos como memoria, tranquilidad, belleza, cultura y conocimiento.

Observar las necrópolis contemporáneas con una mirada abierta permite identificarlas como verdaderas capsulas del tiempo, dispuestas para que los visitantes, el gran público, posea el aliciente necesario para acercarse a conocer la biografía de los difuntos, tanto de los ilustres como de los desconocidos. Los cementerios son un archivo etnográfico en el que explorar historias personales, familiares y colectivas de las sociedades de distintas épocas.

A partir de este punto, depende del grado de implicación de toda la sociedad en la puesta en valor de su propia memoria etnográfica y en particular de las familias de los difuntos. Las instituciones públicas y privadas deben ver en el turismo oscuro una opción más para diversificar y enriquecer su oferta, siendo este también una herramienta para sufragar los gastos de mantenimiento de las necrópolis municipales, generalmente deficitarias para la mayoría de consistorios.

Las actividades ligadas al turismo de cementerios pueden ir desde la simple organización de visitas guiadas, para rememorar la vida de los personajes más notorios de la necrópolis, a la contemplación del arte funerario (Lapidas, panteones, nichos en pared, etc.), sin olvidar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, permitiendo la creación de fondos biográficos digitalizados, donde consultar la vida y obra de cada difunto (Videos, imágenes, textos, etc.), previa autorización de la familia, que podría incluso obtener ventajas y beneficios (Ampliación de concesiones, mantenimiento de lapida, adornos florales, etc.) de la participación en estas iniciativas de recuperación de la memoria colectiva.(Velayos A., 2019)

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